Declaración de intenciones

¿Podría ser de otra manera? La respuesta es sí. Nosotros creemos que esta otra manera es la organización de la sociedad en base a la participación de las personas, en un plano de igualdad efectiva, en la deliberación y toma de decisiones sobre todo lo que nos afecta. En base, también, a la importancia fundamental del ámbito local, al cooperar y al compartir, a la sintonía entre el bien individual y el colectivo, al potenciamiento mutuo, al equilibrio con la naturaleza… En definitiva, otra manera donde la autonomía sea el motor de todos los ámbitos de la sociedad.

Para que sea posible, creemos que son necesarias instituciones horizontales, donde la asamblea sea el fundamento de la toma de decisiones, y un sistema de valores basado en la autodeterminación, la ayuda mutua, la equidad, el esfuerzo desinteresado, el rigor, la creatividad, el amor al prójimo y hacia el entorno, el respecto a la pluralidad, el espíritu crítico…

Actualmente, hay mucha gente que valora estos principios, que cree que es posible y necesario que guíen nuestro hacer. Encontramos personas que están organizadas en redes de apoyo mutuo, experiencias de repoblamiento comunitario de zonas abandonadas, cooperativas integrales, asociaciones que potencían la recuperación de relaciones económicas locales más humanas y sin intermediarios, ateneos y centros sociales autogestionados, esplais y caus asamblearios, grupos de estudio y reflexión, asambleas estudiantiles, sindicatos combativos, asambleas de barrio o localidad…

Pero el panorama general es desolador. Las instituciones del sistema actual imponen la jerarquía y la barbarie del todos contra todos. Las dinámicas de este perpetúan y aumentan las desigualdades y la concentración de poder en pocas manos, impiden que la gente se autoorganice autónomamente, sin mandar ni ser mandadas, y fomentan la degradación creciente de los valores y calidades humanas –y, por lo tanto, de todo el entramado de relaciones sociales e interpersonales–. Esto crea un fuerte malestar que se refleja en un estado de depresión generalizado. Por si no fuera poco, estas dinámicas nos llevan a ritmo acelerado por el camino de la destrucción de la naturaleza y el derrochamiento despilfarro desastroso de los recursos del planeta. El individualismo egoísta, el hedonismo y los principios directrices de interés particular y beneficio privado aceptados como válidos lo impregnan todo; predominan la indiferencia y la apatía y el abandono del sentido ético de la existencia.

Consideramos que la verdadera crisis que sufrimos es este conjunto global de problemas, en muchos ámbitos, que se retroalimentan y van ligados al funcionamiento del sistema actual. Mientras funcione, pues, estos males no se paliarán de raíz y empeoraran. Por tanto, hay que abordarlos desde la comprensión de que sus causas últimas son estructurales y sistémicas.

Para hacerlo, es necesaria la denuncia e inevitable la confrontación con los poderes actuales desde la perspectiva de su superación. Al mismo tiempo, es imprescindible plantear cuáles serían las alternativas e irlas gestando, construyendo, ensayando y experimentando. Creemos que es vital que las distintas iniciativas y proyectos existentes que compartimos una visión de cambio integral no nos mantengamos aisladas sino que tejemos redes entre nosotros, estableciendo vínculos de complicidad, sinergias y ayuda mutua, para avanzar hacia la gestación de un movimiento transformador. Tenemos que invertir muchas energías constructivamente para que cada vez más personas podamos vivir y fomentar los valores emancipadores, plantear respuestas efectivas propias a problemas ocasionados por las dinámicas del sistema actual y, de este modo, demostrar que otro mundo y otra manera de vivir son posibles.

Para contribuir a esto, a través del proyecto de Can Tonal queremos experimentar, reflexionar y difundir los principios de esta forma diametralmente opuesta de organizarse y convivir. Apostamos por centrarnos en el ámbito de actuación local, sin dejar de pensar globalmente. Pretendemos estar arraigados en el territorio y formar parte de su realidad social, pero atentos a lo que pasa en todas partes y centrándonos no sólo en cuestiones específicas y parciales sino afrontando la totalidad de las cuestiones y los problemas de la vida y de nuestra época.

Apostamos por la gestión comunal –de las personas y para las personas– de los bienes y recursos de cada lugar, teniendo en cuenta las capacidades y necesidades de cada uno. Para avanzar en este dirección, queremos promover la soberanía económica local (alimentaria, energética, etc.), el cooperativismo, la autoocupación y las relaciones económicas no monetarias para ir rompiendo con la dependencia con el mercado, a nivel de consumo y de trabajo asalariado. Esto significa, también, poner bienes e infraestructuras locales al servicio de una asamblea popular local que quiera ir empoderándose.

Para tomar consciencia de que este cambio es posible y deseable, es necesario que nos formemos una opinión crítica sobre lo que nos rodea y que estemos abiertas a discutir las ideas. Para hacerlo, queremos promover la reflexión, la discusión y los debates sobre diferentes cuestiones clave. Tenemos la voluntad de fomentar modelos de aprendizaje horizontal y participativo de autogestión colectiva del conocimiento, donde el saber esté al alcance de qualquiera que lo busque. Deseamos que el proyecto se convierta en un espacio de experimentación y generación de conocimientos para la autonomía; un lugar que pueda ser fuente de inspiración de nuevas alternativas al sistema.

El proyecto pretende, además, dar apoyo y fuerza a diferentes iniciativas y luchas del entorno y a la vez trabajar en red con otros proyectos, contribuyendo a impulsar nuevos y trabajando por tener unas bases comunes con todos ellos. Creemos igualmente importante fomentar el tejido social en general y la vida comunitaria en el pueblo y los alrededores.

Todo esto tiene que ir acompañado de un trabajo paralelo personal y grupal de transformación de valores y cambios en las formas de relacionarnos a través de la convivencia. Estamos determinadas a generar espacios donde aprender a respetarnos, ayudarnos y cuidarnos sin opresiones, potenciando y valorando las relaciones humanas como combustible de cambio. En definitiva, queremos crear un espacio sano donde cultivar principios y prácticas emancipadoras.

Pensamos que es fundamental recuperar y repoblar el medio rural porque este reclama el reacercamiento entre las personas y con la naturaleza y a la vez facilita la autogestión. Volver al campo será en gran medida inevitable debido al progresivo declive de la disponibilidad de recursos cruciales para la actual economía y organización demográfica –como los combustibles fósiles–. Para hacerlo, tendremos que recuperar y aprender todos aquellos conocimientos y prácticas vinculados a este, actualizándolos, ampliándolos y compartiéndolos.

Lo que planteamos no es fácil, y sabemos que hoy en día contamos con la significante dificultad del efecto que tienen sobre las personas los males y las nocividades del sistema. Por eso queremos comprometernos desde el esfuerzo y la autoexigencia, desde el diálogo, la crítica y la autocrítica como prácticas fundamentales, orientadas a la voluntad honesta de mejora personal y colectiva. Así, pretendemos vivir bien de manera sencilla y aceptando la austeridad sin que esta sea un problema, huyendo del destructivo consumismo promovido y aceptando la renuncia a comodidades.

A pesar de las dificultades, estamos convencidas de que es importante dotarnos de los instrumentos para poder ensayar y construir una nueva sociedad, creando proyectos que se encaminen explícitamente hacia este otro mundo que anhelamos. Es por esto que nos embarcamos en la aventura de Can Tonal de Vallbona.

Primavera de 2014